sábado, 15 de enero de 2011


LA INTERSECCIÓN ENTRE LAS DOS INTERSECCIONES 
 
La Orientación en nuestras escuelas tiene apellidos: ha de ser educativa y psicopedagógica. Y uno de los banderines que más han flameado en las proclamas educativas (educadoras), sigue siendo la educación en valores. Como insignia de la trasversalidad que apareció en 1990, se incluyó el ámbito de la ‘no discriminación’.
 
Había que seleccionar los contenidos, y durante veinte años se han ido cribando los focos de interés, sufriéndose durante la infancia y adolescencia de este movimiento un vivificador sarpullido que ahora remite, conocida su causa.
 
Pero la educación no discriminatoria, que es más que coeducación e inclusión, no puede estar sujeta a ningún vaivén. Al contrario, ha de ser estable en su progresión: sólo así se consigue permear la sociedad. Además de intentar contrarrestar el racismo y la xenofobia, la escuela debería posicionarse, al menos, ante la más cotidiana, sutil, e influyente discriminación que todas las personas padecemos: el sexismo lingüístico. 
 
Desde la Orientación (educativa y psicopedagógica) habrá de estarse alerta, delicada y tozudamente en lucha. Hablando y escribiendo para y desde la igualdad en el lenguaje -ese vehículo cuya asiduidad, acaso, nos esconde su precio-. Haciendo ver que es posible.  
Desde la Orientación, diariamente, se debe apoyar al profesorado para que se tenga en cuenta los criterios pedagógicos que en esta empresa no pueden olvidarse:
  • Intencionalidad
  • Continuidad
  • Características evolutivas de nuestro alumnado
  • Socialización
  • Coherencia    
Desde la Orientación deberíamos contribuir a un fin tan básico (como dado perezosamente por garantizado),cual es que nuestras niñas y niños aprendan a reconocerse por igual en cualquier palabra, en cualquier profesión, en cualquier tarea posible o idea,imaginable sin que su género importe.



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